La segunda fase de desescalada, iniciada el 9 de junio, suscita numerosas dudas en Francia. De hecho, la comunidad científica revela que el virus de la COVID-19, responsable de los múltiples confinamientos, se transmite a través de aerosoles. Los espacios cerrados mal ventilados son, por tanto, un vector de propagación del virus. Con la apertura a medio aforo de los establecimientos que reciben público, la cuestión de la correcta ventilación de estos espacios sigue siendo problemática. El uso de sensores de CO₂ se convierte, por tanto, en una alternativa ideal para el Gobierno. A continuación, se ofrece un resumen de la situación desde que se tomó esta decisión sanitaria.
La importancia de los sensores de CO₂ en la lucha contra la COVID-19
Estos detectores de partículas de carbono son una ayuda indudable en la lucha contra esta pandemia. El cuerpo humano expulsa finas gotitas invisibles a simple vista llamadas aerosoles. No es necesario estornudar para propagarlas por el aire. Una vez generadas, estas partículas permanecen en suspensión en el aire durante varios minutos.
Por lo tanto, resulta necesario medir el nivel de dióxido de carbono presente en un espacio para determinar la carga viral. Teniendo en cuenta este nivel de CO₂ en un espacio cerrado, es posible evaluar la calidad del aire que respiran los ocupantes. En consecuencia, cabe considerar la posibilidad de que el virus se propague por vía aérea.
La función de un sensor de CO₂ es indicar el momento adecuado para ventilar un espacio cerrado con mala ventilación. En Enless, nuestros sensores son capaces de medir diversos datos, como la temperatura y la humedad de una estancia, pero también el CO₂ y los COV (compuestos orgánicos volátiles), que son los principales indicadores de la calidad del aire que respiran los usuarios.
El Consejo Superior de Salud Pública ofrece aclaraciones y establece las directrices para una desescalada segura. Indica que «las autoridades sanitarias establecen un límite de 800 ppm de concentración de CO₂ en una estancia». Por encima de este límite, deben adoptarse medidas como la ventilación o la evacuación de la estancia.
Por todas estas razones, la medición de la calidad del aire en los espacios públicos cerrados durante la pandemia de COVID-19 se ha convertido en algo indispensable. El control de la calidad del aire interior afecta a todos los establecimientos abiertos al público.
De hecho, las escuelas, los museos, las bibliotecas, las salas de espectáculos y los complejos deportivos se ven afectados por estas necesidades de medición de la calidad del aire. También hay que destacar los centros sanitarios abiertos al público. Se trata, en particular, de residencias de ancianos, hospitales, centros de atención a personas mayores dependientes y otros centros sanitarios.
¿Son las escuelas laboratorios experimentales para comprobar la eficacia de los sensores de CO₂?
Desde la entrada en vigor del protocolo sanitario, la demanda de sensores de CO₂ no ha dejado de crecer. Gran parte de esta demanda proviene de los centros educativos. A este respecto, la recomendación del Alto Consejo de Salud Pública (HCSP) de mayo de 2021 es una llamada a la acción. En ella se establece que es necesario «llevar a cabo campañas de medición de CO₂ en los distintos establecimientos abiertos al público (ERP) para identificar las zonas de riesgo, como determinadas aulas, pasillos y aseos».
Así, se han instalado nada menos que 500 sensores en las escuelas de París. Estos se utilizan para equipar los espacios cerrados de los centros educativos, como las aulas o las zonas de trabajo. La región de Île-de-France no es la única en Francia donde los sensores de CO₂ se han convertido en uno de los temas de actualidad. Cada vez son más las escuelas francesas que se equipan con sensores de CO₂.